Los sueldos de obreros, profesionales y gerentes del sector formal venezolano continuaron en niveles muy bajos durante el primer trimestre de este año, mientras las empresas reportan una capacidad instalada subutilizada y enfrentan dificultades que van desde la brecha cambiaria hasta la escasa demanda interna. Así lo revela una encuesta realizada por la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras).
El estudio, denominado «Encuesta Cualitativa a Cámaras Empresariales», se aplicó a 136 gremios privados distribuidos en seis regiones del país, abarcando sectores como agricultura, manufactura, comercio, construcción, hotelería y restaurantes, servicios inmobiliarios y otros rubros que en conjunto representaban, para 2018, cerca del 65% del valor agregado del sector privado nacional.
Según los resultados, un obrero u operario gana en promedio 223 dólares mensuales
Un profesional 471 dólares y un gerente 806 dólares, lo que arroja un salario promedio de 283 dólares para el sector privado del país. Durante el trimestre analizado, fueron los salarios obreros los que más subieron en términos de dólares oficiales, con un incremento interanual de 13,7%.
La manufactura resultó ser el sector mejor remunerado, con 274 dólares para obreros, 604 dólares para profesionales y 1.144 dólares para gerentes. En el extremo opuesto se ubica el comercio —uno de los sectores que más empleo de baja calificación genera—, donde los salarios llegan a 203, 388 y 677 dólares respectivamente en esa misma escala.
Estos bajos niveles de ingreso formal representan, según diversas fuentes, un obstáculo considerable para lograr un crecimiento económico sostenido y más equitativo, en la medida en que mantienen deprimida la demanda interna. Esa misma precariedad salarial también pesa en la decisión de muchos migrantes venezolanos, actualmente radicados en otros países, a la hora de evaluar un eventual regreso.
Más allá de retratar los bajos sueldos que predominan en la economía formal de un país con la inflación más alta del mundo, la encuesta también identifica las principales preocupaciones del empresariado. En promedio, 70% de las compañías consultadas opera con capacidad ociosa, y un 46,4% de su maquinaria o instalaciones permanece sin uso.
El riesgo macroeconómico y financiero encabeza la lista de inquietudes, s
Señalado por 50,9% de los encuestados, seguido de cerca por la brecha cambiaria (15,2%) y las dificultades para acceder a financiamiento bancario (14,4%). También aparecen mencionados la escasez de divisas, la elevada presión fiscal, la incertidumbre política y jurídica, el estado de los servicios públicos, la política arancelaria, la falta de combustible, el contrabando y la escasez de mano de obra calificada, todos factores que erosionan la confianza necesaria para invertir a largo plazo.
En cuanto a los servicios públicos, un 86% de las empresas reportó haberse visto afectado por apagones repentinos y racionamiento eléctrico programado, y para un 74% de ellas el impacto sobre la producción fue calificado como alto o muy alto. La escasez de gasolina y diésel, por su parte, golpeó a un 40% de las cámaras consultadas.
Pese a este panorama, el estudio detecta un leve crecimiento de 0,9% en el volumen de negocios del sector privado durante el primer trimestre de 2026, comparado con el mismo período de 2025. Del total de cámaras consultadas, 49% señaló que su volumen de negocio se mantuvo estable, 27% reportó una caída y 24% indicó un aumento. De cara al resto de 2026, la encuesta refleja una expectativa de crecimiento promedio de 16,3%, impulsado principalmente por los sectores inmobiliario (+31,3%) y de construcción (+28%).